martes, 6 de septiembre de 2011

CUESTIÓN DE ACTITUD. EL ÉXITO PERSONAL Y PROFESIONAL

Los expertos parecen estar de acuerdo en que las personas altamente exitosas comparten al menos esta importante característica: una actitud inquebrantable. Y si la actitud es la clave del éxito duradero, eso quiere decir que todos nosotros tenemos el potencial de lograr el éxito.
Es una pregunta vieja como el tiempo mismo: las personas exitosas, ¿nacen con "buena estrella" o crean su propio éxito? Me gustaría decirle que tengo la respuesta científica para esta pregunta, pero no le voy a mentir. No estoy seguro de la respuesta.

Pero sí estoy seguro de una cosa: una persona con una actitud positiva siempre va a ganarle a alguien que piensa siempre en forma negativa.

 Muchos de nosotros tenemos que modificar nuestros patrones de pensamiento negativo, que en algunos casos nos acompañan desde hace muchos años.

¿Por dónde empezamos? Podemos empezar por las tres "D": disciplina, deseo y dedicación, y luego hacer cinco cambios muy importantes que nos van a ayudar a mejorar nuestros resultados.

Disciplina. El éxito requiere algo más que talento. Usted no necesita ser brillante, carismático, o tener algún don "mágico".

Usted solamente necesita ser disciplinado para desarrollar en forma constante las habilidades que usted ya posee.

Deseo. El deseo vence a casi todos los obstáculos. Si usted quiere algo, y lo quiere en serio, hay buenas probabilidades de que al final encuentre la forma de conseguirlo.

Un deseo feroz de ganar, hace que uno trabaje más fuerte para hacer más.

Dedicación. La dedicación nos  ayuda a superar el rechazo, hacer algunas visitas más una hora después de terminar el día. Para conseguir un 100% del retorno en su inversión de tiempo y esfuerzo, dedique el 100% de lo que usted hace a lograr su objetivo.


Para desarrollar la disciplina, el deseo, y la dedicación de un campeón, empiece por hacer estos cinco cambios positivos:

1. Empiece cada día con un tono positivo. Tómese 15 minutos para leer o escuchar un mensaje positivo. Invierta en algún libro motivacional o en un calendario diario con citas o anécdotas motivadoras.

2. Evite las noticias negativas. Los diarios, las revistas y los programas de televisión enfatizan en las malas noticias y en los hechos catastróficos. No deje de estar informado, pero sea selectivo acerca de la información que usted absorbe cada día.

3. Evite los chismes por 30 días. Cuando las personas a su alrededor le vienen con chismes o se vuelven negativas, cambie de tema o váyase. Si usted no tiene nada bueno para decir, no diga nada.

4. Lleve un registro de eventos diarios positivos. ¿Qué hizo bien hoy? ¿Qué consiguió? Escriba en ese "diario" cualquier elogio o felicitación que haya recibido. Incluya todos los eventos positivos, por más pequeños o triviales que parezcan. Revise este diario al terminar la semana para incrementar su motivación.

5. Busque lo bueno en cada persona con la que se encuentre. Trate de elogiar a por lo menos tres personas cada día, y elimine el criticismo destructivo. Concentrarse en lo bueno de los demás lo va a ayudar a encontrar lo bueno en usted mismo.

Si usted quiere "ganar", empiece a pensar y a actuar como ganador. Los profesionales exitosos reconocen la importancia de la actitud y hacen un esfuerzo consciente para controlar sus pensamientos y su futuro.

Para seguir los pasos de esas personas, establezca una meta y dedíquese a lograrla.


¿QUÉ ESTOY QUERIENDO ALCANZAR Y QUÉ HAGO PARA LOGRARLO?
No se me ocurre  otra cosa que preguntarle ¿Cuál es tu posición?
Por supuesto que también van a parecer varios fundamentos sobre la importancia que tiene saber qué están queriendo alcanzar aquellos que nos acompañan en algún proyecto, pero creo que es fundamental, para cada uno de nosotros, saber lo que nosotros estamos buscando. A partir de allí, es posible trazar planes y corregirlos a medida que avanzamos y vamos obteniendo resultados.

hay una frase que me encanta que dice:. “El primer paso en la vida, indispensable para conseguir lo que queremos es este: decidir qué queremos”.. Es una frase simple y encierra la complejidad de ir desmarañando aquello que nos permite sentirnos en camino hacia un espacio elegido, aceptando que podemos desconocer cuál es el adecuado. A lo sumo podemos suponer cuál es el conveniente dentro de un puñado de alternativas para enfrentar a la incertidumbre del futuro. Lo fundamental es poder elegir alguno entre varios.

Muchas veces permanece oculto entre creencias que venimos sosteniendo sin habernos preguntado nunca sobre su validez. Las damos por sentadas y no nos damos cuenta que guían nuestros pensamientos y nuestras acciones. Las atesoramos sin saber que lo hacemos. Cuando somos conscientes de ello podemos revisar si aún siguen siendo útiles o si nos están ayudando en la actualidad para lograr aquello que deseamos alcanzar.


Otra vez enfrentado a lo simple, a lo obvio. Es en esos momentos cuando la mirada de alguien nos puede aportar una nueva manera de mirar lo que estamos mirando. Nos abre un sendero que solamente nosotros podemos recorrer con una conciencia diferente a la de antes. Es a lo largo de ese recorrido que irán apareciendo resultados, circunstancias, hechos, que nos irán aportando nuevos elementos para evaluar si lo que estamos haciendo nos conduce a donde nosotros estamos queriendo llegar. No siempre el camino más corto es el indicado.

Aparecen acá la intención, el pensamiento o trazado de un plan y la acción concreta, el ponernos en marcha para ir evaluando lo que vamos recogiendo, lo que sucede a lo largo del trayecto.

Incluso, y esto es lo curioso, vamos dándonos cuenta que aquello que buscábamos se puede ir transformando en algo diferente. Comenzamos a sospechar que en realidad no vamos a ninguna parte para acomodarnos allí, sino que la vida es una sumatoria de recorridos continuos. Metas alcanzadas para convertirse en partida de nuevos recorridos hacia nuevas metas…

La tentación de quedarnos en el mismo lugar en el que estamos, incluso con marcada insatisfacción, es muy grande. Es lo que conocemos, nos fuimos acomodando, no nos exige ninguna acción diferente a la que venimos emprendiendo. Esto se agrava cuando nos regocijamos con la queja y nos creemos que tenemos el derecho de exigirles a los otros que nos aclaren sus posiciones, para así, recién, decidir lo que haremos.

Para llegar a la meta tengo que ponerme en marcha, tengo que abandonar la quietud que me permite, mientras tanto, quedarme en el mismo lugar.
Sólo así puedo decir que estoy en marcha, sólo así voy a sentir profundamente que estoy en marcha. Sólo así lograré la coherencia del decir y del hacer. Así lograré que coincidan la palabra y el acto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada